Revelaciones

Durante los meses de abril y mayo del 2016 atendí una residencia en Bélgica, en la provincia de Limburgo. La beca consistía en la realización de dos pinturas de gran formato que formarían parte de una exposición montada en la naturaleza, es decir, en una galería a la intemperie donde la obra se mostraría en cajas de cristal con luz y aire acondicionado integrado. El jardín privado pertenece a un empresario Belga dedicado a la industria textil, su colección se ubica en la parte trasera de su casa; se trata de un jardín privado estilo japonés de casi una hectárea que alberga hoy día alrededor de 3,500 piezas de artistas emergentes internacionales, en su mayoría de la región de los Balcanes.

Para la realización de mis pinturas, había pensado en una composición proveniente de la naturaleza, dado que estas estarían montadas en medio de un bosque. Llevaba un rato trabajando con la simetría en mis composiciones; dando la ilusión de entrar en el punto de fuga para transitar la pieza a través de su simbología. Una idea me fue llevando a otra y al final me encontré en medio de un campo abierto a las orillas del Rio Meuse invitando a un grupo de personas de distintas edades y culturas a cavar sus propias tumbas en la tierra; el proceso llevó un par de horas; una vez cavados los hoyos, tomaron su tumba entregando completamente su cuerpo a la naturaleza y experimentando un primer acercamiento hacia la muerte.

El ritual iniciático fue guiado por mí a través de una meditación activa en pie, desnudos y plantados como arboles frescos sobre la tierra mojada. Era una tarde nublada, a lo lejos se avecinaba una tormenta y algunas gotas de agua comenzaban a caer ya sobre nosotros. Luego estaba la nada, esa tranquila y cálida quietud en el centro. Entonces solo había consciencia: consciencia como testigo de aquél momento. Consciencia de un profundo agradecimiento, respeto / mirada que tengo cuando encuentro ese lugar donde me uno con la tierra, con los otros, conmigo misma. El tiempo parecía detenerse otra vez ante mi, regalándome ese momento mágico de contemplación en el que ya había estado antes.

“El arte es una forma de alimento (de conciencia- espíritu)”, escribió Susan Sontag, a los 31 años, en su diario en 1964. Estoy convencida que la espiritualidad mueve la vida en favor de la evolución consciente, entiende el mundo y nuestras acciones como una sinergia. Entiendo al artista como un vehículo del espíritu que en armonía con el arte impulsa a crear, revelando la fuente de transformación interna y externa que genera esos cambios profundos y permanentes en la psique de los seres humanos. Me ha llevado dos años comprender el impacto que este acto performatico ha tenido en mi vida, puesto que en un principio solo se trataban de una serie de fotos para la realización de unas pinturas. Al paso del tiempo, veo con claridad que nada esta separado, que los procesos le pertenecen al inconsciente y que éste nunca deja de trabajar a favor de la creación.