Amazing Stories, Los 4 Elementos

Algunas consideraciones cinematográficas sobre la serie 4 elementos. Amazing Stories de Valerie Campos: imágenes vivas, experiencias ópticas puras y su eterno retorno…

— Por Pablo J. Rico

Desde la antigüedad se ha interpretado el mundo material como constituido por cuatro elementos esenciales: fuego, aire, tierra y agua. Las religiones y mitologías, los poetas y los artistas, los filósofos, creyeron ver en estos elementos y en todas sus posibles combinaciones los fundamentos de la realidad visible y mensurable al ofrecer un tejido de símbolos y apariencias suficientemente verosímiles para interpretar el mundo; incluso, algunas invenciones y artes, como la cerámica, por ejemplo, fueron considerados como la perfecta síntesis y el afortunado resultado de la interacción de tales elementos primigenios. Sólo muy recientemente las ciencias exactas, la física, la química, la biología, la Teoría General de la Relatividad y la mecánica cuántica, nos han revelado más precisamente los secretos del universo y su estructura material, al menos sus secretos más inmediatos. Así, la metáfora de los cuatro elementos ha ido quedando relegada, es un decir, al territorio de lo estético, lo que no deja de ser algo esotérico en un mundo iluminado por la razón y sus avatares. Incluso los artistas y poetas no han dejado de incrementar su número y trascendencia a los originales, incorporando otros elementos sustanciales acaso más espirituales y transparentes; por ejemplo, la luz, la palabra, la vibración de las ideas, las creencias, el escalofrío de la intuición, el amor… ––Pero, claro, son cosas de poetas y artistas, seres que les gusta hacer visibles y reales sus deseos, que de cualquier cosa o sensación crean algo con apariencia y formas poéticas y estéticas––.

No obstante, hay que agradecer que el pensamiento funcional, la curiosidad racionalista y el desarrollo tecnológico hayan ofrecido nuevos instrumentos y oportunidades a la imaginación y la voluntad simbólica de artistas y creadores. En primer lugar el cine, luego la televisión, el video, y más recientemente los procedimientos digitales de la imagen electrónica, han hecho posible el sueño de inventar nuevos elementos esenciales o desmaterializar los originales o darles una nueva visibilidad multiplicando sus efectos, amplificando nuestra percepción sensorial. Ya no se trata pues de cuatro, de ocho o un centenar de elementos originales, sino de un indeterminado sumatorio de elementos materiales e inmateriales con los que ensayar el enigma de las permutaciones posibles que nuestra imaginación creativa utiliza para contar sus historias creíbles y/o increíbles. Valerie Campos nos narra aquí y ahora sus 4 elementos. Amazing Stories; es fiel a la referencia tradicional de los cuatro elementos originales ––que renombra como Tierra, Viento, Fuego y Agua––, pero intuyo que sólo es un pretexto para limitar de entrada su portentosa imaginación. En todo caso son “cuatro” elevado a la enésima potencia. Ay, ese poder de crear imágenes y sus reverberaciones desde lo más profundo del alma (de artista) y su proverbial “voluntad de arte”…

Me siento incapaz ––y además sería un ejercicio inútil–– escribir esta presentación en clave simbólica y/o hermenéutica. Tampoco me sirven de mucho mis recursos de analista curtido en imágenes y objetos estéticos al uso. Desde el primer momento que admiré esta ejemplar serie de Valerie Campos entendí que no tenía que buscar analogías ni resonancias iconográficas entre las de semejante temática en la historia del arte ––¿para qué? ¿con qué sentido?––, ni siquiera en las colecciones de dibujos y grabados más extraños que conozco. Hay cientos, miles, con tales referencias ––sólo en la colección de estampas del Rijksmuseum se encuentran más de doscientos grabados sobre el tema––, pero nada o muy poco tienen que ver con la serie de Valerie, ni siquiera los más sugestivos de Johan Jakob Thurneysser, Cornelis A. Hellemans, Abraham van den Hecken, Reinier Nooms o Pieter Symonsz, entre otros, o las fascinantes visiones de William Blake y sus Proverbios del Infierno, por ejemplo.

Las claves de 4 elementos. Amazing Stories hay que encontrarlas por fin en la propia memoria de Valerie Campos, en su repertorio de imágenes infantiles y juveniles, sus ensoñaciones, en sus particulares recortes de la cultura popular que ha experimentado y disfrutado durante más de media vida. Tienen que ver con las historias de las revistas de comic y las novelas Pulp-(Fiction), con los géneros Weird Menace (“amenaza extraña”) y otros apocalípticos de ciencia ficción, con los sorprendentes contenidos de Amazing Stories, la primera revista y principal del género de ciencia ficción, o Planet Stories, y sus secuelas contemporáneas… incluso los animes y manga de ciencia ficción y Cyberpunk japoneses y sus históricos precedentes Ukiyo-e. Y por supuesto, en las series de TV injustamente maltratadas como “series B”, en el gran cine de misterio, suspense y Sciencie-fiction, y más recientemente, en el género de masas de terror futurista, de catástrofes apocalípticas o en el subgénero de zombies… Pero también en el catálogo de imágenes contemporáneas (universales) acerca de la violencia y el horror de las guerras, por ejemplo, esas fotografías de desastres de la guerra de Vietnam ––en particular, la serie de fotos realizadas por Nick Ut de los estragos del Napalm en la población civil vietnamita o el asesinato a sangre fría de un vietcong por el jefe de la policía de Saigón (1968) tomada por el grandísimo fotógrafo Eddie Adams, que también reprodujo Wolf Votell en una serie de collages memorables––… y en tantas otras fuentes (visuales) en las que ha bebido y se ha apropiado con deliciosa cleptomanía…

Aunque 4 elementos. Amazing Stories es una serie de grabados, exactamente dieciséis ––cuatro para ilustrar cada uno de los cuatros “elementos” clásicos––, no puedo por menos que ver e interpretar el conjunto y cada uno de ellos como fantásticas secuencias de una inquietante película inventada por Valerie Campos, proyectada magistralmente sobre planchas de metal y papel. Su propuesta, además de radicalmente original e innovadora, alcanza cotas más que extraordinarias, hasta la excelencia y lo inolvidable. Lo cinematográfico y multimedia de 4 elementos. Amazing Stories radica no sólo en la operación de Valerie de “collagear” referencias fragmentarias de algunas películas memorables, como The Birds (“Los pájaros”) de Alfred Hitchcock (1963), por ejemplo, o recordarme al mejor David Lynch, o Andréi Tarkovski, incluso a Steven Spielberg, Ridley Scott, James Cameron, Terry Gilliam, Roland Emmerich o Michael Bay, entre otros; ni siquiera en las referencias que vienen a mi memoria de aquel excepcional experimento radiofónico que Orson Welles llevó a cabo en 1938 basado en The War of the Worlds (“La guerra de los mundos”) de H. G. Wells, que conmocionó en su tiempo a media América y forjó la leyenda de su incomparable genio… sus valores cinematográficos son más esenciales, incluso diría que metafísicos, tienen que ver con sus específicos espacios y tiempos, sus particulares dimensiones visuales y emocionales, su singular capacidad de representación más allá de lo real y documental…

Entre todos aquellos que han reflexionado y escrito acerca del cine y sus singularidades, confieso mi absoluta devoción por Gilles Deleuze. Sus brillantes ensayos sobre el cine ––La imagen-movimiento (1983) y La imagen-tiempo (1985)–– siguen siendo “libros de cabecera” para cualquiera que se interese por estos temas, aunque sea de vez en cuando como es mi caso, y punto de partida para reflexiones más profundas, no sólo cinematográficas. Entre los pensamientos más sugestivos de Deleuze ––que yo relaciono con algunos aspectos visuales de cierto arte contemporáneo y post contemporáneo (como el que Valerie Campos representa) –– señalaría su propuesta de un “cine de videntes” capaz de producir imágenes-tiempo más allá del movimiento, lo que era condición necesaria desde Aristóteles. Tales imágenes especiales se relacionan con el tiempo como “duración” tanto como con el “tiempo-totalidad”. Se trata de esas “imágenes vivas” del cine mudo en cuyo rostro (el de sus personajes) nada está previsto, todo es posible, y que están como suspendidas en el abismo de su silenciosa “eternidad”. Creo que las imágenes del arte, y en concreto las imágenes creadas por Valerie en su serie 4 elementos. Amazing Stories, tienen mucho que ver con este sentimiento. Cada una de sus imágenes son “imágenes vivas”, son imágenes hasta cierto punto fragmentadas o que descuartizamos con nuestra mirada, lo que tiene que ver sobre todo con su encuadre más que con los fragmentos que la integran; en palabras de Deleuze, se trata de “centros de indeterminación” que se forman en el universo acentrado de las imágenes-movimiento”…

¿Qué son si no cada uno de los grabados de la serie, incluso su conjunto ensamblado linealmente? No hay acciones generales ni las reacciones que parecen representar se propagan por toda la imagen… Hay que ir descubriéndolas y reconociendo una a una, ensamblando con nuestros códigos de percepción subjetiva en una especie de sobreexposición visual que les dé coherencia y establezca en su suma algunos criterios causales verosímiles. Pero en realidad, cada una de ellas, como sus fragmentos, son un ejemplo de indeterminación de su próximo movimiento… Deleuze atribuye a Hitchcock la maestría en este género de “imágenes vivas”, “pero no a causa de la mirada, sino más bien porque encuadra la acción mediante todo un tejido de relaciones”… “el encuadre y el movimiento de la cámara expresan las relaciones mentales”…”la acción constituye únicamente la trama móvil que la atraviesa por encima o por debajo”. En resumen, señala Deleuze que “lo que Hitchcock introduce en el cine es la imagen mental. No se trata de la mirada, pues, si la cámara es un ojo, se trata de un ojo mental. Esto explica la situación excepcional de Hitchcock en el cine: supera la imagen-acción hacia algo más profundo, las relaciones mentales, una especie de videncia”… Ni más ni menos, interpreto, como realiza Valerie Campos.

Nunca percibimos todo lo que hay en una imagen, ni mucho menos todo lo que quiso decir su artífice, todos sus detalles e intenciones. Ni siquiera la distinta entidad de lo vacío y lo lleno… En realidad, lo que vemos no son más que imágenes (más o menos fragmentarias o ensambladas) constituidas como situaciones ópticas puras que vamos relacionando según un cierto orden (bastante regular). No hay tiempos ni cortes, ni hay tiempos inmediatos y sucesivos que se sumen objetivamente ni tiempos muertos que suspendan la acción. Todo eso tiene que ver, creo, con la consideración del tiempo creativo que interpretó Deleuze, su noción de “coexistencia” temporal, su ensamblaje dinámico. En principio, Deleuze interpretaba el tiempo desde posiciones cercanas al pensamiento tradicional, como sucesión de instantes, presentes, “ahoras”, lo que no le satisfacía pero le proporcionó un punto de partida básico y consistente. Su aportación más original es que entendió esta sucesión como progresiva, es decir, el tiempo se enriquece en el tiempo, incrementa sus valores y posibilidades. El tiempo deleuzeano no es pues un tiempo producto de yuxtaposiciones acumulativas, estratos sucesivos, sino que progresa en intensidad mientras trascurre, aumentando el número de sus dimensiones: “El cambio ––es decir, el movimiento–– sólo es pensable por la coexistencia del todo pasado en cada presente”. Pasado y presente son estrictamente contemporáneos pero manifiestan realidades distintas. Deleuze plantea que el presente es actual, el pasado virtual. Así, actualidad y virtualidad, ensamblados, configuran nuestra realidad dinámica, es decir creativa.

Todo esto tiene que ver, también, con el pensamiento oriental, sobre todo en la tradición china, que es inductivo y asociativo en vez de causal y “subordinativo” como el occidental. Las cosas y los conceptos están unos al lado de otros (no son unos causa o efecto de los demás), se relacionan por contigüidad, forman parte de una estructura, de un orden (no de una ley). Las cosas se comportan de una cierta manera debido a su posición en el universo cíclico en perpetuo movimiento. Si no fuera así las cosas dejarían de ser esto o aquello y se convertirían en otras. Estas ideas tienen que ver con el principio de armonía universal, la armonía como principio básico del orden de la naturaleza y el mundo. El universo sería un extenso e indeterminado organismo de naturaleza cíclica que sufre alteraciones, pero en el que la idea de sucesión siempre estuvo subordinada a la de interdependencia; en vez de observar sucesiones, los chinos registraban alternancias de aspectos…

Todo esto lo desarrolla y presenta admirablemente Valerie Campos en 4 elementos. Amazing Stories. Quizá tiene que ver con su radical planteamiento de que cada una de las imágenes, sus planchas y grabados, se ensamblen exactamente por sus líneas hasta sus bordes y creen así una especie de “continuum” sucesivo e ininterrumpido hasta cierto punto infinito por su eterno retorno. Pero al ser cada uno de los registros visuales igualmente intercambiables por sus líneas y bordes, al extender sin solución de continuidad su travelling visual, paradójicamente, lo que induce también es a la amplificación de cada uno de los detalles, una mayor expresividad de los fragmentos, un desvanecimiento general del todo en favor de sus partes. No hay pasajes ni transiciones, sólo tiempos y situaciones ópticas puros. Si quedamos hipnotizados sucesivamente por tal despliegue visual no es por el movimiento pendular de las imágenes, una tras otra, con sus respectivos intervalos, sino por la misma contemplación de lo inefable que asistimos, por el horror en el espejo de los rostros horrorizados de los personajes o el de su ensimismamiento, es lo mismo… Seguramente, la situación ideal de exposición de toda la serie sería la superficie interior o exterior de un espacio cilíndrico o semiesférico de igual dimensión lineal a la suma de las longitudes de los dieciséis grabados de la serie, sin separaciones ni intervalos, sin principio ni fin determinados. Sólo así tendríamos la experiencia real de lo que ahora describo virtualmente…

Ya me gustaría demorarme y entretenerme en otras muchas reflexiones que me provocan 4 elementos. Amazing Stories, pero el tiempo y el espacio de este libro son limitados, aunque su contenido se extenderá sin límites en nuestra imaginación y nuestro recuerdo. Estoy seguro que estas imágenes serán recordadas “intemporalmente” por sus hipnotizados espectadores, deslumbrados por sus sorprendentes maravillas y monstruosidades, al tiempo que por su particular belleza formal. Cómo no, si así lo “previó” y “presintió” nuestra querida artista-vidente Valerie Campos…